Biscuter Industrial
Actualitzat: 1 day ago
El Biscuter fue el microcoche español que alcanzó una mayor difusión. Es difícil saber cuántas unidades se fabricaron entre 1953 y 1960, pero las estimaciones más fiables sitúan la producción en torno a las 12.000. Símbolo de las penurias de la posguerra, nació de la creatividad de Gabriel Voisin, uno de los grandes ingenieros franceses, que antes de la Segunda Guerra Mundial había destacado en la fabricación de motores de aviación y automóviles de lujo.

Equipado con un motor monocilíndrico Hispano Villiers de dos tiempos y 197 cc, el Biscuter se convirtió en un medio de transporte asequible para quienes podían permitirse algo más que una motocicleta, pero no llegaban a comprar un automóvil convencional.
Las primeras versiones, sin marcha atrás y con arranque mediante una palanca, fueron evolucionando en distintas direcciones. El 200F, conocido como Pegasín, era una especie de Biscuter de lujo, con carrocería de fibra que evocaba los Pegaso de competición. Tanto esta versión como las variantes comercial (200C) e industrial (200I) llegaron al mercado cuando el declive de la marca ya era difícil de frenar, especialmente ante la aparición de automóviles como el SEAT 600.

A veces se confunden las versiones comercial e industrial, ya que ambas incorporaban paneles de madera en la parte trasera. La comercial, conocida popularmente como la Rubia, mantenía una altura uniforme a lo largo de toda la carrocería. La industrial, en cambio, presentaba una caja de carga más ancha que la parte delantera y sobreelevada, con un techo de chapa ondulada que recordaba al de las primeras furgonetas Citroën 2CV.

En 1958, el Biscuter 200 F costaba prácticamente lo mismo que un SEAT 600. Teniendo en cuenta que ambos vehículos eran incomparables en capacidad, prestaciones, calidad, seguridad y fiabilidad, no es de extrañar que el Biscuter, al igual que el resto de los microcoches, desapareciera pronto de las carreteras españolas.
Un anuncio de Wallapop en el que se ofrecían varias Moto Guzzi 65 me llevó hasta una propiedad a las afueras de Valencia, donde se amontonaban decenas de motocicletas de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta. A la intemperie también se encontraban los restos de un SEAT 1200 Sport, prácticamente desguazado y con pocas posibilidades de recuperación.

En el interior de un edificio que había sido un molino de arroz se acumulaban todavía más motocicletas y todo tipo de trastos. Entre aquel desorden sobresalía un Biscuter 200 I, la versión furgoneta que había llegado al mercado en 1958, cuando el declive de la marca ya era imparable.


Aunque a primera vista parecía encontrarse en un estado bastante lamentable, en realidad estaba bastante completo. Conservaba la mecánica original y solo los paneles de madera de las puertas y de la caja de carga parecían irrecuperables. En el compartimento del motor todavía se podía contemplar la peculiar culata de grandes dimensiones concebida por Voisin, inspirada en sus diseños de motores de aviación.
Un detalle que me llamó especialmente la atención era la pegatina de la ITV que todavía conservaba en el parabrisas. Todo parece indicar que el vehículo había estado documentado y en funcionamiento hasta aproximadamente los años noventa.

Entre las anécdotas que nos contó el propietario, había una bastante curiosa: durante los años sesenta, la furgoneta había pertenecido a un carnicero. En la caja todavía se podían ver algunos ganchos para colgar la carne. Según nos explicó, en aquella época de penurias, en muchos casos se trataba de ratas de marjal, una carne bastante apreciada entonces.
Es una lástima encontrar este Biscuter en su estado actual. A pesar de las dificultades y del coste que supondría su restauración, estoy convencido de que más de un aficionado se animaría a recuperarlo y hacerlo circular de nuevo entre los arrozales.































