Un siglo del automóvil en Montevideo
L’Automòbil Club de l’Uruguai és una institució centenària que ha tingut un paper destacat en la difusió de l’afició per l’automòbil al país. A més dels nombrosos serveis que ofereix als seus socis, manté una intensa activitat al voltant dels vehicles clàssics. A la seua seu central de Montevideo es pot visitar gratuïtament el Museu de l’Automòbil, inaugurat el 1983 i dedicat a la memòria d’Eduardo Iglesias, un dels pioners de l’automobilisme uruguaià.

El museo presenta los automóviles en orden cronológico, comenzando por ejemplares de principios del siglo XX, algunos de los cuales forman parte de las primeras decenas de coches que llegaron al país. Entre los treinta vehículos expuestos predominan los norteamericanos. No podían faltar un Ford T y un par de Ford A, todavía tan habituales en las calles uruguayas: un Double Phaeton y un Cabriolet.

Siguiendo con la marca Ford, destacan dos descapotables de 1937, ambos en un excelente estado de conservación, y un Thunderbird. Entre las demás marcas estadounidenses, me llamó especialmente la atención un magnífico Studebaker Champion Coupé gris de 1941.


En cuanto a los modelos europeos de posguerra, se pueden contemplar un Talbot-Lago, un par de Jaguar y un Riley.

El museo también dedica un pequeño espacio a los vehículos de competición, con algunos modelos europeos entre los que me llamaron la atención un Panhard Dyna, un DKW 1000, un Renault 8 y un FIAT 125. Y, con Argentina tan cerca, no podía faltar un IKA Torino blanco de dos puertas, que inevitablemente me hizo pensar en los coches de la expedición a Nürburgring.

Un modelo que todavía se puede ver por las calles de Argentina y Uruguay es el Peugeot 404. El ejemplar rojo del museo presentaba un estado de conservación excepcional, difícil de encontrar hoy en día. Algo parecido podía decirse del Pontiac LeMans de 1965 verde que tenía a su lado.


Como siempre que me encuentro ante miniaturas y objetos de automobilia, me cuesta apartar la mirada. Por último, cabe destacar la presencia del primer vehículo de asistencia del Automóvil Club, un Ford T de 1925, así como de un Fordson de 1948 que formó parte de la flota posterior.

La visita al museo es imprescindible para cualquier aficionado al mundo del motor, especialmente en un país donde la pasión por el automóvil tiene unas raíces tan profundas.





























