El museo BMW de Munich
- 1 mar
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Actualizado: hace 6 horas
Los museos de las grandes marcas suelen ser una delicia para los aficionados al automóvil. El caso de BMW no es una excepción, por lo que una visita a Múnich es una buena excusa para repasar la historia de la marca. La visita se puede completar con un recorrido por las líneas de montaje de los últimos modelos.

Las sanciones impuestas a Alemania tras el final de la I Guerra Mundial supusieron para la empresa la prohibición de seguir fabricando motores de avión, su principal actividad. El salto a la producción de automóviles se produjo en 1928 cuando adquirió Fahrzeugfabrik Eisenach, propietaria de la marca Wartburg. La planta de Eisenach producía entonces el Dixi, un pequeño automóvil, derivado del Austin Seven, fabricado bajo licencia. Así, el BMW Dixi se convirtió en el primer BMW de cuatro ruedas. El BMW 3/15 de 1930 del museo es una evolución del Dixi, esta vez en versión furgoneta de asistencia técnica.

En pocos años la marca pasó de fabricar modelos bajo licencia a ser un referente tecnológico. El BMW 328 de 1936 tuvo que ver mucho en ello. Este pequeño descapotable, con su 6 cilindros de 2 litros y 80CV se convirtió en un referente, logrando éxitos deportivos como la victoria en su categoría en las Mille Miglia de 1940. El modelo no solo destacó a nivel técnico, sino que la belleza de sus líneas convirtieron su carrocería en una de las más imitadas en la industria de las réplicas.

La II Guerra Mundial BMW fue el período más vergonzoso de la historia de BMW. La complicidad de la empresa con los crímenes del régimen nazi llegó hasta el extremo de explotar a decenas de miles de trabajadores forzados, prisioneros de guerra y de campos de concentración. Las la Guerra la fábrica de Eisenach quedó en manos de los soviéticos que reanudaron la producción utilizando la propia marca bávara, que más tarde se reconvirtió en EMW. La historia de esa marca la podéis consultar en el siguiente post. El BMW 327 de la foto es uno de aquellos modelos que la empresa fabricó antes y después de la Guerra y que terminó siendo uno de los primeros EMW al otro lado del telón de acero.

La época de penuria que siguió a la Guerra no invitaba a lanzar nuevos productos. La mayoría de la población luchaba por subsistir. BMW se limitó a retomar la fabricación de modelos de preguerra. A mediados de los 50 la situación había mejorado y la rivalidad con Mercedes llevó a la marca bávara a desarrollar el BMW 507, para competir con el 300SL. Utilizando una plataforma recortada del 503, este roadster dotado de un V8 de 3200cc, con carrocería de aluminio, es considerado uno de los automóviles más bellos de la historia. Desafortunadamente, los altos costes de desarrollo y fabricación provocaron que pocos clientes se lo pudieran permitir. Apenas 254 fueron producidas, lo que llevó a la empresa a una delicada situación. Una de las más célebres es la que perteneció a Elvis Presley. El video sobre la restauración de esa unidad que circula por internet es particularmente interesante.

Ante tan delicada situación el éxito del BMW 250 fue resultó ser un salvavidas para la empresa. Este microcoche, basado en el Iso Isetta, con su puerta frontal, es uno de los más populares, conocido más allá de los círculos de aficionados. A diferencia del modelo italiano el monocilíndrico de la versión BMW era de 4 tiempos, derivado de sus motocicletas. Una curiosa evolución del Isetta fue el BMW 600, conservando la puerta frontal la carrocería se alarga, añadiendo puertas traseras, convirtiéndolo en un cuatro plazas. En el museo no pude ver ninguna unidad de ese interesante modelo que fue incluso ensamblado en Argentina, pero sí un BMW 700, con una carrocería más convencional. Estos tres pequeños modelos ayudaron a la empresa a superar uno de sus momentos más delicados hasta que en los primeros años 60 llegó la Neue Klasse, de la que forma parte el interesante BMW 2002.



A finales de la década de 1960, el lanzamiento de la serie E9 consolidó la recuperación de la marca tras la lejana postguerra. Derivado del 2.0 CS, con sus cuatro cilindros y su poco convencional frontal, nació en 1968 el Neu Sechs, con su frontal de dobles faros y la calandra horizontal negra que sería marca de la casa durante décadas. Los seis cilindros de 2.8 y 3.0 litros llegaron a incorporar inyección electrónica y alcanzaron su punto álgido con el BMW 3.0 CSL. Esta versión aligerada, que perdía 200 kg para destacar en los circuitos, fue todo un éxito. Conocido como el «Batmóvil» por su agresiva estampa, plagada de alerones, entradas de aire y spoilers, el CSL dejaba boquiabiertos a los aficionados de la época.

El museo no solo alberga ejemplares de producción, también incluye coches de competición y prototipos de salón. Uno de los más atractivos es el BMW Turbo de 1972. Fue diseñado por el mismo Paul Bracq en conmemoración de los juegos olímpicos de ese mismo año. El modelo del museo es una de las dos unidades producidas. Con sus puertas de ala de gaviota y su diseño en cuña, supuso una ruptura estética para la marca, que dejó huella en el diseño hasta el lanzamiento de la Serie 8 en 1989.


Uno de los modelos más directamente inspirados en el Turbo de 1972 fue el BMW M1. Concebido inicialmente para la competición, el M1 fue diseñado por Giorgietto Giugiaro. Los requisitos de homologación exigían la producción de un número de unidades que el departamento de competición de la marca no podía satisfacer, por lo que se recurrió a Lamborghini. Las dificultades del fabricante italiano llevaron poco tiempo después a que Motorsport retomara la gestión del proyecto. Los planes deportivos y comerciales para el M1 nunca se cumplieron, pero al menos nos dejaron un bello deportivo para la posteridad.

Cualquiera que tenga una cierta edad recordará la serie 6 de BMW como uno de los coupés más deseados de los años 70 y 80. Este ejemplar es uno de las 50 unidades del BMW 635 CSI Grupo A preparadas por Schnitzer para correr en los circuitos europeos. Con potencias que superaban los 300 CV obtuvo significados éxitos a partir de 1982. Su discreta línea, exenta de exagerados spoilers y alerones, con esa elegancia tan próxima a la serie, me parece especialmente atractiva con esta decoración con su fondo blanco y esa especie de radiografía de sus órganos internos.

Hasta aquí algunos de los modelos más destacados de los que se puede disfrutar en el museo. Si te gustan los clásicos y pasas cerca de Munich una visita al museo te puede alegrar el día.




















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