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Domingo en París

  • 9 sept 2017
  • 4 Min. de lectura

Los miles de visitantes que cada día llegan a París llenan los Campos Elíseos, el Louvre, la Torre Eiffel, Montmartre y tantos otros lugares turísticos, incluso castillos de cartón-piedra. El Château de Vincennes, en cambio, es un lugar donde se puede disfrutar con tranquilidad de sus cerca de mil años de historia y, si eres aficionado a los coches clásicos, cada primer domingo de mes también de una magnífica concentración de anciennes voitures.


El castillo se encuentra en un excelente estado de conservación. El foso ya no está lleno de agua, pero sus muros aún rodean todo el perímetro. Lo que empezó siendo un pabellón de caza en el siglo XII se convirtió en fortaleza militar y más tarde en residencia real, incluso De Gaulle quiso trasladar allí la residencia presidencial en 1964.


De Vincennes partieron algunas expediciones hacia las cruzadas. A lo largo de los siglos ha sufrido numerosas transformaciones, pero desde el Siglo XIV el elemento más distintivo es la gran torreón que se alza en su interior, donde se conservó lo que dicen que es la corona de espinas. En el S XVIII el castillo se convirtió en prisión, alojando a huéspedes como el Marqués de Sade y varios enciclopedistas y revolucionarios. Más tarde la misma Mata Hari fue fusilada en sus muros.

Actualmente, con una parada de metro en la puerta, sigue siendo uno de los puntos de acceso al Bosque de Vincennes donde se puede pasear, alquilar una bicicleta o visitar el zoológico de la ciudad. Si estás en forma también puedes llegar desde el centro de la ciudad por la promenade plantée, una ruta verde que arranca en la zona de la Bastilla y que siguiendo una antigua línea de ferrocarril, elevada sobre las calles con puentes de hierro, llega hasta las inmediaciones del parque.

Para los aficionados a los coches clásicos es también el punto de encuentro donde el club Vincennes en Anciennes celebra cada primer domingo de mes una concentración informal. Aunque el resto de la semana es un lugar sosegado los domingos se transforma con ciclistas, corredores y multitud de grupos que organizan actividades deportivas, culturales y lúdicas, así que hay que madrugar si quieres disfrutar de los clásicos antes de que no haya demasiada gente.

Normalmente se reúne cerca de dos centenares de coches, la mayoría en un estado de conservación impecable. Lo que más me gusta es que hay de todo. Por supuesto algunos Minis, MG, escarabajos, etc. de los que te encuentras en todas partes, pero también puedes encontrar coches de los años 20, deportivos italianos de los 50 y los 60, franceses de post-guerra, muscle car y mastodónticas berlinas americanas, motos, furgonetas, etc. Si vas varios meses seguidos algunos coches acaban resultándote familiares, pero siempre aparecen cosas interesantes. Estas fotos son de la concentración de septiembre de 2015. Ese día había algunos de los Mustang habituales, DS descapotables, Jaguar, Citroën Traction, Facel Vega, etc., pero me centraré en tres pequeños italianos que siempre me han parecido interesantes.

Empezaré por el Autobianchi A-111, un coche poco conocido, pero que ha jugado un papel clave en el desarrollo de la industria automovilística italiana. Por su línea y proporciones parece un restyling del FIAT 124, el segundo coche del que más unidades se han fabricado en el mundo en casi cincuenta años. De hecho, este Autobianchi recupera

el proyecto del FIAT 123 que la empresa turinesa descartó en favor del 124 con propulsión trasera. El A-111 toma la plataforma de su predecesor el Autobianchi Primula y continúa el ensayo del grupo FIAT con la tracción delantera. Aunque no tuvo el éxito de ventas de su predecesor el experimento del A-111 sirvió para que FIAT se pasase a la tracción delantera con sus 127 y 128. El Autobianchi, con sus faros cuadrados y pilotos integrados tiene un aspecto más moderno que las primeras series del 124, pero estéticamente son muy similares. No lo he podido comprobar, pero diría que incluso el parabrisas es el mismo. La principal diferencia entre los dos coches es la típica entre los de tracción delantera y los de propulsión trasera, la distancia entre el paso de rueda anterior y la puerta delantera que en el 124 es mayor al llevar el motor en posición longitudinal y la caja de cambios a continuación. El ejemplar de Vincennes es de la segunda serie lanzada en 1970 que se puede diferenciar de la primera por sus pilotos traseros dobles.


El Autobianchi Bianchina era una especie de versión superior del FIAT 500 con el que compartía el bastidor y una versión potenciada de su mecánica. Sus líneas, más pretenciosas, con forma de pequeña berlina, recuerdan a los descapotables italianos de los cincuenta. La Bianchina que había ido esa mañana a Vincennes era la versión Trasformabile, la primera que apareció, pero la casa de Desio más tarde introdujo un cabriolet, una ranchera llamada Panoramica, una berlina de cuatro plazas y hasta una versión furgoneta. En total se produjeron más de 300.000 unidades, la mayoría de ellas vendidas en Italia.

Otro microcoche italiano presente en Vincennes era el Vespa 400. El pequeño automóvil de Piaggio curiosamente nunca fue producido ni comercializado en Italia, sino que se fabricó en Francia. Este hecho también está relacionado con el FIAT 500 ya que los responsables de Piaggio no quisieron desafiar a la poderosa familia Agnelli introduciendo en el país un competidor directo de su bicilíndrico. Piaggio tenía una posición consolidada con sus scooters y su microcoche tiene una fuerte relación con ellos. Con un motor de dos tiempos y dos cilindros de apenas 14CV la velocidad máxima supera por poco los 80 km / h. La línea es similar a la de la Bianchini que junto al Vespa se ve que es mayor. La paleta de colores hace que este cochecito recuerde aún más a los scooters. Otro hecho curioso es que la estampación de la carrocería del Vespa 400 se subcontrataba en las mismas instalaciones donde se fabricaba el Facel Vega. Comercialmente no tuvo el éxito que se esperaba y en 1961 se dejó de fabricar. Actualmente es uno de los microcoches más buscados por los coleccionistas.

En Vincennes había muchos más clásicos interesantes. Más adelante iré publicando posts al respecto. En cualquier caso, si estáis algún fin de semana en París y es el primero del mes ya sabéis donde tenéis otro atractivo en París.

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